Las prácticas llegan hasta lo más hondo

Práctica seitai en el parque

Cuando estamos dentro de la sala, se profundiza en diferentes prácticas y esto hace que uno se sienta bien, incluso muy bien.

 

Pero cobran verdadero sentido cuando es la propia vida la que hace de resorte y las prácticas dejan de ser prácticas para convertirse en una experiencia intensa y acoplada a nuestra propia realidad.

 

¿Qué sucede cuando la vida te tambalea?

 

A eso de las diez, Paquita se dirige al parque como cada mañana. 

Pero esta vez, camina sola.

Su perra Lula ya no está con ella.

 

El día anterior, después de dieciséis años, su querida perra exhaló por ultima vez.

La expresión de su última mirada lánguida se le ha quedado adherida al corazón.

 

Paquita, ha llorado a lágrima tendida.

A la mañana siguiente, no tiene ganas de hacer nadad. Se siente abatida y el desánimo  le inunda y la ahoga. 

 

Pero vence, como puede, el abatimiento y sale de casa para ir al parque como si tuviera que pasear todavía a Lula.

 

Allí sentada ve a otros perros que salen a pasear felizmente con sus dueños.

La echa a faltar tanto que no puede evitar ponerse a llorar. Profundos sollozos que la convulsionan.

Y, de pronto, tras uno de esos profundos sollozos, siente que el aire le entra por todos los poros de la piel. Nota la presencia de ese aire recorriéndole toda la espalda.

Después le invade una profunda paz.

Un sosiego profundo e inesperado.

 

Acaba de comprender el poder de la respiración por la columna cuando surge espontáneo. Cuando ya no se trata de una práctica dentro de la sala, sino como un resorte de la propia vida fluyendo. Un chorro de máximo caudal conectándola con todo lo que existe.