El movimiento espontáneo surge desde el interior desde hace más de 600 millones de años

Si atendemos nuestra naturaleza, lo propio es dejarse ir y adentrarse en uno mismo. Si el movimiento espontáneo surge desde el interior podremos disfrutar de una práctica profunda y renovadora.

Al practicar Seitai es fundamental captar si el movimiento espontáneo surge desde el interior.

De vez en cuando podemos inducir este movimiento espontáneo con alguna consigna para asegurar el desbloqueo de algunas zonas del cuerpo que han perdido su natural flexibilidad.

 

En  este caso, la inducción al movimiento la hacemos  comenzando a cuatro patas en el suelo.

Estiramos la columna, subiendo la barbilla y notamos la comunicación desde la cabeza hasta el coxis. 

Acercamos el pecho al suelo y estiramos. Nos alargamos al máximo pero sin forzar muscularmente. Como una tortuga sacando el cuello de su caparazón.

 

Después nos dejamos y permitimos que nuestro cuerpo se mueva sobre el suelo. 

 

La consigna es: como si flotaras por el agua.

 

Es una excelente forma de evitar los movimientos convulsivos que a veces aparecen. Estos no desbloquean en la profundidad y es mejor ir un poco más allá.

 

Es realmente bonito ver cómo los practicantes desarrollan una auténtica capacidad de deslizarse sobre el tatami. Realmente como si las corrientes marinas les mecieran y provocaran esos movimientos tan especiales.

 

Uno alarga una pierna, a la vez que el cuello gira. Otro se encierra, replegándose y luego se expande con todo su cuerpo.

 

La creatividad del cuerpo dejándose llevar.

 

No es una imitación.

Para nada. 

 

Es todo lo contrario: es el movimiento espontáneo surge desde el interior

 

Una práctica profunda que te deja, incluso un rato después, esa sensación de flotar y percibir el aire que te envuelve.

 

En esa línea me parece de lo más inspirador observar el movimiento de la medusas.

Uno de los organismos vivos más primitivos. Su existencia se remonta a unos 600 millones de años. Casi nada.

 

Así de antiguo o más es el movimiento espontáneo.

Las medusas son verdaderos antecesores del Seitai, sin necesidad de haberle puesto un nombre a su práctica.

Empezaron a dejarse llevar por instinto. No tenían ningún manual que les explicara cómo funcionaba su cuerpo ni las temperaturas de las aguas. Y en vista del éxito de su capacidad de adaptación parece que no les ha ido nada mal.

 

Permitir que nuestro cuerpo se mueva desde esa perspectiva instintiva para aumentar nuestra capacidad de adaptación es, ni más ni menos, el propósito del movimiento espontáneo o Katsugen undo.

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