El deseo

Verdadero deseo inocente

Hablemos del deseo.

Y no me refiero al deseo en plan atracción fatal, ni a eso de ponerse cachond@.

Tampoco a los tres deseos del genio de la lámpara,

ni al deseo irrefrenable de formar parte

de esta comunidad.

Tampoco a estar muy concentrado para que algo se cumpla.

 

NO.

 

Me refiero al deseo que surge desde nuestro interior.

Ese que está conectado a nuestra naturaleza espontánea.

 

El deseo de vivir plenamente.

 

No a medias, no a base de creencias, más o menos atractivas.

 

Es una palabra un poco adulterada, en realidad.

Y como consecuencia, incluso cuesta darse cuenta del verdadero deseo, de identificarlo.

 

Vemos un vídeo en youtube donde sale alguien comiendo una hamburguesa y nos entra hambre.

Ese deseo no surge desde el interior. Es un puro acto condicionado.

Sin embargo, tras una larga caminata por la montaña, el cuerpo necesita reponer energía y sentimos hambre.

 

Este es un ejemplo bastante claro, pero hay otros en los que realmente es el cuerpo, su deseo profundo el que nos lleva a tener ganas de dar un paseo tranquilamente.

 

O el de sentir un amor profundo por algo o por alguien.

El deseo espontáneo de relacionarse con alguien o el de estar solo.

El deseo espontáneo de beber un vaso de agua o el de realizar un acto creativo.

Cosas así…

¿Qué sucede cuando el deseo interior, el que va ligado a nuestro sistema autónomo, no se cumple?

Comienzan a acumularse las tensiones, se estancan y nos sentimos mal.

 

Nos sentimos lejos, en realidad lejos de nosotros mismos.

 

Para resolver esta tensión acumulada, es una excelente elección dejarse llevar por el movimiento espontáneo y regenerador o Katsugen undo.

Es la forma de recuperar el verdadero deseo.

 

Así, el cuerpo se vuelve cada vez más vigoroso y nuestra mente menos atormentada por los impulsos que nos rodean.

 

No es una coraza, es permitir al instinto que ejerza su función para sobrevivir ante situaciones extremas y no tan extremas.